Gracias 2012

Adiós 2012, venga 2013

Antes de echarme el clavado al 2013, quiero despedirme del 2012 como se merece. Siento cierta nostalgia de que se acabe, porque para mí fue un gran año. Me gustaría agradecerle por todo lo que me trajo, porque a lo largo de sus 365 tuve muchas bendiciones: tuve salud, me inicié en Yoga, volví a la danza, publiqué un libro y, por si fuera poco, nació mi primera sobrina.

Adiós 2012, venga 2013

Antes de echarme el clavado al 2013, quiero despedirme del 2012 como se merece. Siento cierta nostalgia de que se acabe, porque para mí fue un gran año. Me gustaría agradecerle por todo lo que me trajo, porque a lo largo de sus 365 tuve muchas bendiciones: tuve salud, me inicié en Yoga, volví a la danza, publiqué un libro y, por si fuera poco, nació mi primera sobrina.

Lo primero que me pasó en 2012 lo quiero compartir porque me cambió la vida. Después de un par de intentos que no prosperaron en el pasado, finalmente en enero me inscribí a clases de Yoga y desde entonces, no he podido -ni querido- parar. Empecé dos veces por semana con bastante esfuerzo y voluntad, a veces frustrada y otras desesperada, pero sin claudicar, poco a poco voy aprendiendo y logrando más posturas...luego tres veces y hasta cuatro veces por semana y poco a poco me fui volviendo más flexible y fuerte por dentro y por fuera. Es difícil explicar lo que me ha sucedido, creo que es una de esas prácticas que sólo se entienden cuando se llevan a cabo, pero para mí, es irreversible. Aprender a estar presente en cada momento de mi práctica, poner una intención, tratar de callar la mente, habitar mi cuerpo,   ir logrando de a poquito llevar el ritmo de la respiración y dar mis primeros pasos en la meditación para luego entregarme a la tierra y soltar los apegos y rendirme y confiar.... No puedo más que invitar a vivirlo. 

Después, en 2012 también me pasó otra cosa increible, y es que después de exactamente 20 años, volví a la danza. Crecí haciendo ballet con la misma maestra desde los 4 hasta los 17 años (me pregunto qué será de ella ahora? Dagmar kortum, con sus ojos de mar caribe). En algún momento pensé en ser bailarina como ella, y hasta fui dos veranos a un camp de danza, en las montañas de Massachussets donde hacíamos ballet, jazz o tap en un gran estudio de madera rodeado de bosque y moras azules. Pero el tamaño de mi cuerpo no daba para ser una buena solista de clásico y aunque sí consideré la danza contemporánea, al final la vida me llevó por otros caminos. Incursioné en las  variaciones del baile español de academia y también tomé clases de flamenco con dos excéntricos bailaores... Enfin, que crecí bailando. Pero paré de tajo cuando murió mi madre. Fue por razones prácticas y logísticas pero también fue porque emocionalmente, la pérdida me pegó justo ahí. No pude regresar al salón de ballet sin que se me salieran las lágrimas inconteniblemente....entonces paré. Hasta que un buen día de marzo (el día exacto del 20 aniversario de la muerte de mi mamá, para ser precisa), una especie de inercia del tipo "SE ACABO: YA FUE SUFICIENTE", me llevó a pararme delante de aquel jovencísimo y sonriente profesor de danza que destilaba buena vibra y a quien llevaba meses observando a través del cristal del gimnasio mientras acumulaba yo kilómetros de bici y caminadora. "Hola, no me conoces, yo soy Natalia, y me encantaría tomar tu clase; me dejas probar?" Y desde entonces, Moy Covalín me ha llenado el corazón con su música del mundo y sus pasos de ethnofit . Desde entonces, trato de bailar con él cada mañana porque cuando lo hago, me siento viva y sonrío y veo todo de otro color. Bailar es una gran terapia emocional que además me ha ayudado a sanar esa pérdida y a recuperar una parte de mí sin la que no entiendo cómo sobreviví durante tantos años. Bailar es increíble.

Y en noviembre salió a la venta mi libro. Escribirlo ocupó todo mi 2011 pero desde enero de 2012 hasta la fecha de publicación, me dediqué a pulirlo con la editora, a aterrizar el concepto con el diseñador, a hacer el shooting con la fotógrafa y a promoverlo en conjunto con la editorial. Aprendí mucho en el camino, aprendí mucho de cada etapa del proceso y de cada persona con la que estuve trabajando y entendí que no soy el centro del universo y que para que un libro llegue a una librería, hay que ser paciente y esperar a que los ritmos de muchas personas confluyan. Aprendí a contener -más o menos- mi pánico escénico ante el público y en los medios y aprendí a soltar lo que no depende de mí y a confiar en el ritmo del Universo. Lanzarlo en la FIL de Guadalajara fue un gran reto personal porque corría el riesgo de tener que presentarlo con la sala vacía, pero fue un debut con el pie derecho, porque además tuve el honor de que dos grandes amigos de la pubertad, primero Nicolás Alvarado y luego Yuriria Sierra, hicieran las  presentaciones. Nunca se me va a olvidar su solidaridad, su generosidad al apoyarme, su cariño. El Manual del Buen Vivir ha sido parte de mi crecimiento personal, de mi reconstrucción personal, es una especie de culminación -o quizá el primer paso- de mi reinvención de mí misma. Ahora tengo que cerrar ese capítulo y pasar a lo que sigue. 

Y en el inter, aprendí un montón en mi clase de Astrología y gocé las mañanas de los jueves en mi taller de literatura. Descubrí nuevas canciones, leí buenos libros y vi poca tele. Traté de andar más ligera por la vida y me deshice de varias "cosas" por dentro y por fuera. Me esforcé por reconocer mis errores, creo que me volví más humilde y entendí la importancia de pedir perdón. Recuperé a una amiga que quiero como una hermana y conocí gente increíble que me cambió la vida y que quiero conservar entre mis afectos. Tuve el privilegio de seguir viendo crecer a mis hijos, acompañé a  mi hija en su Bat Mitzvá y le enseñé a mi hijo cómo hablar con los árboles en las montañas de Utah. Pude nadar en el mar y correr sobre la playa y volar en el trapecio, y aprendí a pararme de cabeza. Estoy rodeada de gente que admiro y que quiero y me siento muy querida. Y para cerrar el año con broche de oro, fui tía de una bebita preciosa.

Me siento feliz de estar viva y estoy llena de gratitud por todas las bendiciones que he recibido. Confío en el Universo y me entrego feliz a lo que el 2013 me tenga reservado. Estoy lista!!!!!! Y Feliz año nuevo para todos.

 

 

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